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Artículo de opinión de la comisionada, Mar González, en el suplemento especial de Diario de Sevilla con motivo de su 20º aniversario.

Un reciente informe del INE volvía a situar en Sevilla cinco de los diez barrios más pobres de España, teniendo Polígono Sur el dudoso honor de encabezar este ranking. Si no queremos estar preguntándonos dentro de 20 años por qué no hemos conseguido cambiar esta realidad, debemos darnos cuenta de cuál es exactamente el escenario en el que nos encontramos, y prepararnos para cambiarlo de modo radical.

El punto de partida es que en barrios como Polígono Sur no hablamos solo de pobreza económica: hablamos de carencias educativas y de formación, de ausencia de oportunidades laborales, de aislamiento urbanístico, de viviendas indignas e inseguras, de ruptura de las estructuras sociales. En definitiva, hablamos de exclusión social severa, y todo ello en una población dolorosamente amplia. Y sobre esta población han recaído las políticas de austeridad con las que se ha gestionado la crisis financiera, que han reducido recursos cuando más acuciantes se hacían las necesidades, aumentando la brecha de la desigualdad, haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

Así lo refleja el VIII Informe Foessa sobre exclusión y desarrollo social en España, que explica muy bien los efectos devastadores que ha supuesto la gestión de la crisis para la población más frágil, que se ha incrementado en 12 años un 45%. Son en la actualidad 4,1 millones de personas (el 8,8% de la población), que acumulan tantos problemas cotidianos que les impiden tener un proyecto vital mínimamente estructurado. No solo son más, sino que también están peor que antes de la crisis, porque han aumentado sus problemas y se han hecho más graves.

Sobre esta población solo podemos actuar con éxito si trabajamos de forma integral y coordinada, con políticas transversales que nos permitan cubrir todas sus necesidades, algo que Europa lleva tiempo reclamándonos. No vale con actuar solo en el empleo, solo en la salud, solo en la vivienda. Para que vuelvan a tener proyectos de vida normalizados hay que incidir en todos los niveles, sin distinguir entre administraciones, sin dejar huecos sin cubrir que lastren su horizonte vital. En Polígono Sur, el trabajo de muchos profesionales implicados en distintos ámbitos ha permitido diseñar programas con itinerarios personalizados que cumplen estos requisitos, y son programas que funcionan y permiten salir de la exclusión a quienes los siguen.

Pero si de verdad queremos cambiar éste y otros barrios en la misma situación, necesitamos cambiar la escala a la que actuamos. Usando un símil sanitario, no podemos seguir poniendo tiritas a un enfermo que se desangra por heridas muy profundas: hace falta cirugía mayor. No basta con innovar con programas piloto. No necesitamos cursos de formación aislados y sin continuidad, sino planes de formación integrales que permitan acceder a empleos estables y justamente remunerados. No servirá la rehabilitación aislada de bloques de viviendas, sino planes ambiciosos que combinen el trabajo en lo urbano con el apoyo en lo humano. Para eso necesitamos un compromiso político claro, que coloque este objetivo como prioridad absoluta de todas las administraciones y lo aleje de cualquier enfrentamiento partidista.

Estamos en un momento clave. Comienza un nuevo ciclo en todos los niveles, desde el municipal y más pegado a la vida de los ciudadanos hasta el más alejado, en Europa. El alcalde, Juan Espadas, ha señalado la atención a los barrios periféricos como prioridad número 1 en su discurso de investidura. La Junta de Andalucía ha puesto en marcha la Estrategia regional andaluza para la cohesión e inclusión social (Eracis) en 99 barrios desfavorecidos andaluces, incluido Polígono Sur, siguiendo las directrices de Europa, que recomienda y financia la creación de itinerarios de inserción sociolaboral. Y confiamos en que el Gobierno central mantenga la recién creada figura del Alto Comisionado para la lucha contra la Pobreza Infantil, clave para atajar el problema de raíz.

Solo el impulso radical a estas políticas permitirá a los barrios pobres subir todos los escalones que los separan del resto de Sevilla. Para ello necesitamos el acompañamiento y aliento del resto de la sociedad sevillana. Debe ser tarea colectiva reducir las desigualdades y debemos hacerlo ya. No nos podemos permitir seguir preguntándonos por qué no hemos avanzado lo suficiente dentro de cuatro años, cuando acabe este ciclo político. Y tener que hacerlo dentro de 20 años sería un fracaso que una ciudad como Sevilla no puede consentir.

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